Creando mitos en el salón de tu casa

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No es este el primer blog que inauguro y en todos, justo por detrás de la dificultad que conlleva la dedicación de escribir un post tras otro, siempre está la de escoger un nombre adecuado. Puede que sea una manía personal pero es algo a lo que dedico mucho tiempo, quizá demasiado, dado que encontrar un buen nombre no tendría por qué ser difícil, bastaría con algo que reflejara aquello de lo que vas a escribir ¿verdad?

En ese momento empieza una búsqueda que esta vez acabó en lo que puedes leer justo un poco por encima de estas palabras, en la cabecera: Mitos Artificiales.

Es curioso saber que al final me he decidido por usar como título una expresión que encontré por primera vez usada de forma despectiva. Aún así a mi me ha parecido de lo más apropiada para definir casi todo aquello que me gusta y he pensado que no estaría mal tener como primer post una pequeña aclaración sobre este título. Porque claro, para poder contarte por qué lo he escogido, primero tengo que entretenerme en definir la mitopoeia, pues contra ella se usó ese término como arma arrojadiza. Prometo no ser en exceso gafapasta, solo lo justo.

Mythopoeia es una construcción del griego que viene a significar “construcción de mitos” y es un término que adoptó nuestro bien amado Tolkien para dar título a un poema que dedicó a C.S. Lewis. Con el poema respondía a una afirmación de este compañero suyo en los Inklings que decía que “los mitos son mentiras y por tanto sin valor aunque sean susurrados a través de plata” refiriéndose al poco valor de la ficción. En el poema Tolkien defiende, al contrario, al humano creativo, hablando del “pequeño creador con su propio pequeño cetro de oro”, capaz de crear aunque fuera solo “dentro” de la Gran Creación. Somos capaces de crear mitos.

Y quien mejor que Tolkien para hablar de la capacidad de creación de mitos, teniendo como muescas en su cinturón la Tierra Media con sus cuatro Edades y los años anteriores. Sin querer, Tolkien acabó dando nombre a mucho más que un poema pues Mitopoeia se ha convertido en un género que abarca muchas artes creativas cuya intención es la creación de mitos y la búsqueda de arquetipos.

Cuando esas ganas de crear, esa búsqueda, choca con la cultura popular, como naves en llamas más allá de Orión, lo que tenemos es fantasía y ciencia ficción con todos sus subgéneros. La ficción especulativa expresada en múltiples formatos. Como decía J. Campbell, esta es la vía en que la mitología ha encontrado un hueco en nuestro mundo moderno. Puede que se diluya esa intención magnífica de búsqueda del Mito, pero siempre queda algo que une todo esto: el uso de arquetipos y estructuras narrativas comunes.

Esa ficción acaba reflejada en la literatura, la música y, por qué no, en cómics y en juegos aunque su intención no sea tan severa y grave de forma consciente. En ella tienen cabida las obras artúricas, las de Tolkien, de C.S. Lewis, de William Blake, de todos aquellos autores que aportaron su visión a los Mitos de Cthulhu, de R.E. Howard, también Glorantha de Greg Stafford y la magna obra de Wagner.

Pero no hay que quedarse en esas altas esferas, dejadme transgredir y traer ese concepto tan académico a mi pequeña parcela. Algunos cómics empiezan a aceptarse dentro de la mitopoeia pero casi nunca (mi búsqueda continua) se habla de juegos . ¿Por qué no incluir la metatrama de Mundo de Tinieblas? ¿ o quizá el extensamente documentado Reinos Olvidados? ¿la mitología de Dragon Age o la saga Elder Scrolls? ¿el universo sonoro creado por la banda sonora de Child of Light? ¿la Europa medieval alternativa de Ars Magica? ¿el trabajo de diseño de narración de juegos como To the Moon o Wolf among us? Porque, a mi entender, no hace falta una creación de un mundo con la profundidad de Silmarillion.

Y aquí llegó la crítica. La mitopoeia es llamada por sus detractores como mitologia artificial, enfatizando que no es una mitología que evolucione de forma natural y orgánica de la sociedad sino que es un artificio que surge de la pluma de un autor y que esas creaciones nunca llegarán a soportar el paso del tiempo o un examen bajo los criterios que definen la cultura. Huelga decir que no estoy de acuerdo con eso.

Crear mitos artificiales. Que lo usen de forma despectiva si quieren, pero a mi me parece una imagen de lo más sugerente para hablar de los creadores y sus creaciones, de aquellos que nos permiten vivir realidades que no existen ya sea en un libro, en una composición musical, en un cómic o un juego. Así que por fin había encontrado un término con el que sentirme cómodo y que hace de paraguas de todo aquello de lo que me gusta escribir. Ya tengo título para el blog, ahora solo falta escribir entradas.

Lo que casi todas esas obras tienen en común, y lo que más me atrae y me impulsa a escribir, es que estos mitos artificiales muchas veces son interactivos. Se crean universos que no existen, aunque sea durante unos minutos y no está únicamente en el autor el poder de crear mitos, sino que cada uno de nosotros, cuando juega, cuando lee, cuando escucha música, añade a la mezcla alquímica una parte de sí mismo para inventarse mundos y habitarlos. Puede que sean mitos y mundos de andar por casa, sí, pero precisamente por esa cercanía, por la parte que nos toca en la creación, son mucho más nuestros. 

Hace años los juegos podían reducirse a sus mecánicas, como en Pac Man o Space Invaders. Incluso hoy día juegos que atraen a millones de jugadores pueden hacerlo (¿llamamos juegos a lo que hace King?), o bien jugamos a eurogames de mesa donde su gran aporte se queda en el mundo de las mecánicas (sí, te miro a ti fan de Stephan Feld). ¿Tienen algo que ver todos estos juegos con la palabrería de más arriba? Pues para mi sí pues de alguna forma todos, incluidos estos, nos hacen entrar en el Círculo Mágico que definió Huizinga. Nos permiten evadirnos a ese “otro mundo” creado en el momento de jugar, con sus normas, sus personajes y donde tenemos que actuar de la forma en que ese mundo se rige.

Pero voy a ir terminando aquí. Más arriba te prometí no pasarme de gafapasta en este primer post y creo que ya he sobrepasado el límite. Quizá el término mitopoeia me queda grande, así que me quedo con la idea de los creadores de mitos artificiales y sus obras. Me gusta leer, escuchar y jugar esas mitologías y mundos de andar por casa y saber más sobre la forma de lograr que esa alquimia magnífica ocurra. ¿Por qué conectamos más con un juego que con otro? ¿qué tiene ese juego que nos hace pensar que sigue una estructura elegante, que nos recuerda a algo o que conecta con una forma de entender la aventura que nos parece natural? Si pudiera responder a estas preguntas seguramente no estaría escribiendo este blog pero hacerlo quizá me sirva de cuaderno de bitácora mientras aprendo sobre fantasía, ciencia ficción, música, arte, mecánicas y dinámicas de juego, videojuegos, juegos de rol, juegos de mesa y aquellos que los crean. Y tomado todo esto como un Aleph, un punto inicial a partir del que explorar.

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